Hace algún
tiempo recordaba yo que tres décadas atrás decir General
Motors (GM) era citar no sólo al mayor fabricante de
automóviles, sino al mayor grupo industrial de EU y del
planeta.
La célebre frase de "Lo
que es bueno para GM es bueno para EU", popular en los
años 50, aún expresaba lo que significaba esa compañía,
fundada en 1908, para la mayor economía de la Tierra.
Pues bien, esta semana GM
perdió el trono que desde 1930 —al desplazar a Ford—
ocupaba como campeón mundial absoluto de la industria
del automóvil, con ventas que en 2006 se acercaron a los
10 millones de unidades.
Lo curioso es que el
nuevo rey no es ninguno otro de "Los tres grandes de
Detroit", sino Toyota, el fabricante nipón que en el
primer trimestre de 2007 vendió 88 mil vehículos más que
GM, que por cierto implantó un récord de la compañía
para un trimestre y vendió 2.26 millones de unidades.
Todo empezó a mediados de
los años 70, cuando a EU comenzaron a llegar en masa los
automóviles japoneses, de tanta calidad o más que los de
GM, con precios más bajos y menos gastadores de
combustible.
Con tal competencia se
iniciaron los problemas para GM, que de inmediato tuvo
que reducir el tamaño de los autos para competir con los
tipos compacto llegados de Japón.
La cosa en los años 90 se
agravó con el arribo de los vehículos de Corea del Sur.
Desde entonces se veía venir lo que ahora es un hecho.
La coyuntura económica
global, con el alza del precio del crudo y de la
gasolina y un yen barato frente al dólar, fue clave para
que Toyota superase a GM. El fabricante nipón ha visto
crecer sin cesar sus ventas gracias a su competitividad
en el precio y a sus modelos de consumo más eficiente.
En tanto, GM, pese a que
mediante una agresiva política de recortes de gastos —anunció
el despido de 30 mil empleados— mejoró su gestión
económica, seguía pagando por haberse equivocado de
estrategia en los años 90. Así, mientras los asiáticos
hacían énfasis en autos menos gastadores, GM ampliaba su
producción de los SUV, verdaderos elefantes rodantes que
tragan gasolina como monstruos insaciables.
La guerra en Irak, el
alza del consumo de crudo en China, los atentados a
instalaciones petroleras en Nigeria, las tensiones con
Irán, las amenazas de Venezuela y una especulación
febril en los mercados, hicieron el resto: el precio del
hidrocarburo se disparó hasta las nubes, de donde no
quiere bajarse.
Pienso que GM ha sido
víctima de la "psicología de lo grande" que impera en
EU, debido a su enorme extensión territorial. El
gigantismo de GM cuando el petróleo era barato tuvo
buena acogida, pero luego abrió el camino a Toyota como
nuevo líder de la más emblemática de las industrias, aún
en los inicios del siglo XXI.
roberto.alvarez@laopinion.com